Cuando el desempleo ataca, las apps nos protegen.

 


¿Ha existido alguna vez en la historia un momento en el que la economía haya estado bien? Pareciera que no, aunque a veces la gente recuerda la época en la que los billetes no tenían tantos ceros, y con pensamientos en blanco y negro, permanecen reminiscentes de un pasado simple e ideal. Pero seguro no era un paraíso económico tampoco. El rumbo de la historia nos trajo hasta hoy arrastrando un índice de desempleo del 16,8% y de trabajo informal del 48% en Colombia. Ya no podemos hacer mercado con $1.000 pero tenemos nuevas herramientas para combatir esos índices atemorizantes que acechan en las sombras que dejó el gigante malo de la pandemia. 

 

Estamos hablando de la tecnología, por supuesto, más puntualmente de las plataformas digitales de lo que se conoce como economía colaborativa, son las apps que muchos usamos como Uber, Airbnb y Rappi donde la gente, sin necesidad de hacer parte de una compañía con estructuras tradicionales, adquiere productos o servicios, los ofrece o genera ingresos siendo intermediario. Son una herramienta que ofrece cierta flexibilidad tentadora para muchas personas que venían usándolas como una opción viable de sustento. Luego llegó el Covid y las plataformas que venían caminando empezaron a correr, su relevancia alcanzó picos que no estaban previstos tan pronto y se convirtieron en un salvavidas. 

 

2020 fue como un apagón a escala global, un momento en el que la luz se fue en todos lados al mismo tiempo y nos dejó pensando qué hacer. Pero poco a poco en medio de la oscuridad algunos sectores empezaron a iluminarse con pequeños puntos de luz que nos devolvieron la esperanza. Así vimos entonces como una economía que ya venía golpeada pudo tener un respiro y algo de claridad. Pero más allá de cifras y porcentajes, lo más importante es la gente, los que se quedaron sin trabajo y usaron el carro para hacer domicilios o trabajar con Uber, los que llegaron al país con la esperanza de una mejor calidad de vida usando Rappi para generar ingresos y llegar incluso a duplicar el salario mínimo, los que por la necesidad vieron una oportunidad para emprender desde casa, los que rescataron sus restaurantes enfocándose en comida para llevar, los que vieron una oportunidad para capitalizar el incremento de los domicilios, los berracos que hacen domicilios a pie, en bici y en moto enfrentándose a las adversidades del clima, marchas, tráfico y toda clase de obstáculos. Ellos siguen manteniendo satisfecha la demanda de los colombianos que nos quedamos en casa, y con la rotación natural del dinero se mueven las cadenas de la economía, iluminándose en el medio del apagón y ofreciendo algo de tranquilidad y alimentando la paciencia. 

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