Zacarías Palacios: un domiciliario contra la fuerza de la naturaleza
Con el aumento de pedidos a domicilio en Colombia durante las cuarentenas, vino el incremento de domiciliarios, y con ellos llegaron las historias. Nunca antes habíamos tenido tantas noticias ni conversaciones casuales relacionadas con repartidores, tal parece que se están convirtiendo en los rockstars de nuestra era, porque se mandan solos y acaparan las redes sociales y medios de comunicación.
Hay todo tipo de historias, pero hasta ahora la que va ganando el premio a la más sorprendente del año, es la de un domiciliario de Rappi con nervios de acero que se enfrentó a la furia de la naturaleza.
Zacarías es un tipo sencillo que se desempeña como domiciliario en Medellín, su optimismo y buena onda los vive a flor de piel, sin embargo estos atributos se vieron amenazados el día que un aguacero formó un río en la calle que él cruzaba y por un momento temió por su vida. El agua inundó también las redes sociales, donde todos vimos al repartidor que luchaba por mantenerse aferrado a una señal de tránsito, ese era Zacarías, repartidor consagrado y padre de cuatro niñas que agarrándose tan fuerte como podía, calculaba que si la corriente se lo llevaba, podía caer a una quebrada, una alcantarilla o cualquiera de las innumerables variables con alta posibilidad de tragedia.
Momentos antes el peligro no era aparente, llovía suavemente y como todo un repartidor comprometido, nuestro Aquaman paisa llevaba un pedido de Rappi que debía entregar, pero rápidamente los planes cambiaron de “entrega puntual” a “supervivencia inmediata”. La lluvia se transformó en tormenta y la carretera en un río que arrastraba tierra, palos, piedras y lo que encontrara en su camino, desafortunadamente era el mismo camino en el que estaba Zacarías, el cual, tomado por sorpresa agarra su moto fuerte, pensando que no podía dejar perder su preciada posesión y herramienta de trabajo, pero el agua fue más fuerte y la moto se la llevó la corriente, el domiciliario apenas tuvo tiempo de agarrarse a una señal de tránsito para evitar que se lo llevara a él también, pero no pudo evitarlo por mucho tiempo, con las manos golpeadas por las piedras, se soltó dejando a la suerte y a su valentía el destino de su propia vida. El agua lo arrastró más de una cuadra colina abajo, afortunadamente su maleta de Rappi lo mantuvo a flote y evitó que se golpeara la cabeza contra el suelo. Finalmente hubo un reencuentro agridulce, la corriente lo llevó hasta donde estaba su moto, ambos fueron asistidos por buenos samaritanos, pero al salir del agua notó que para su vehículo era demasiado tarde. Uno solo puede imaginarse el cruce de emociones, el hombre había empezado haciendo entregas en bicicleta y ahorrando se compró la moto, con ella mejoró el tiempo de los servicios y logró ganarse consistentemente, más del doble del salario mínimo, pero por otro lado, estaba vivo.
Zacarías tuvo suerte, salió de la situación con heridas menores, Rappi y Auteco le regalaron una moto nueva y pudo regresar a casa con su familia. La moraleja para él fue no subestimar la fuerza de la naturaleza, y para nosotros, no subestimar el sacrificio que hace un domiciliario por nuestra comodidad y seguridad.

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