Luis Carmona: de limpiador de vidrios a domiciliario


Luis tiene 19 años, pero ha vivido 40, o al menos esa es la impresión que le da después de haber pasado las duras y las maduras desde que llegó de Venezuela. 


Hay situaciones dramáticas que te hacen crecer aceleradamente, irte a vivir a otro país no por gusto, sino porque te toca, sin duda está en el tope de la lista. Para Luis esa lista ha sido larga, afortunadamente una mezcla de suerte y determinación le han permitido sobreponerse a obstáculos que en algunos momentos pudieron ser mortales. 

 

A su llegada a Bogotá, lo primero que hizo fue trabajar vendiendo Bon Ice, pero su espíritu inquieto le hizo recordar que no era suficiente y necesitaba encontrar una nueva forma de ingresos, la decisión que tomaría entonces, lo llevaría a obtener más pesos a cambio de su salud, bienestar y seguridad. Fue así entonces como el intrépido Luis terminó limpiando vidrios de carros en la calle. Al principio no estaba tan mal, incluso llegaba a recolectar una cantidad decente de dinero, pero el peligro esperaba en cada semáforo en rojo. Los gritos, la lluvia, el sucio, la mala onda de algunas personas, sumados a una golpiza que le propiciaron una vez donde casi pierde varios dientes, fueron causales de despido en la empresa de la calle. Afortunadamente dio con una familia de odontólogos que le salvaron la dentadura y posiblemente la vida, porque a partir de ahí empezó a trabajar con ellos a manera de agradecimiento haciendo mandados, y cuando decía que tenía que irse a limpiar vidrios buscaban un motivo para hacerlo quedar, al punto que le regalaron una bicicleta para que siguiera haciendo encargos y lo recomendaron con sus colegas. 

 

En este punto el paso lógico era activarse en una app de domicilios, así que arranca con Rappi alternando entre sus mandados con los odontólogos, prestando servicios de limpieza y los domicilios, con los que llega a ganarse hasta $100.000 diarios cuando le pone corazón. Esa para él es la clave, si un domiciliario quiere ganar bien consistentemente tiene que tener pasión y no temerle a las distancias, claro que para Luis, la pasión es el ingrediente principal de todo lo que hace. Por eso vendió todo y se fue un mes a Venezuela para ayudar a su mamá que estaba enferma, en el viaje el bus se estrelló y le robaron el celular, pero él siguió para adelante. De regreso a Colombia le tocó empezar de cero, ahí apareció de nuevo la ayuda de sus amigos los odontólogos y con Rappi estabilizó las cuentas de arriendo y comida. En Venezuela Luis era un “niño emprendedor”, tenía su propio negocio con el que ayudaba a su familia, el negocito eventualmente quebró pero él guarda la esperanza y sabe que trabajando con el corazón podrá un día recuperar ese sueño que su labor como domiciliario hoy está ayudando a patrocinar. 

 

Con la inspiración de estos momentos y lecciones vividas en la calle, Luis publica videos en TikTok como @luiscarmOna, porque además de ser un berraco y resolver su vida, quiere inspirar a otros, demostrando que con las apps y la tecnología es posible superar cualquier situación y salir adelante, incluso cuando la economía golpeada por la pandemia no deja muchas opciones y la vida parece ser un gran semáforo en rojo. 

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