Las plataformas digitales pueden ser la cura para la desigualdad
Millones de personas en el mundo tienen alguna discapacidad, esa es una realidad. Además, la información a la que accedemos todos en internet y en los medios, señala que la cifra va en aumento. En Latinoamérica son al menos 85 millones, y contando el mundo entero, estamos en el orden de los miles de millones de personas en situación de discapacidad, así que mientras batallamos por la igualdad para entender que esa condición no es algo malo, sino que lo malo es segregar, también nos enfrentamos al daño que ha causado esa mentalidad durante décadas, el más evidente de todos, las pocas oportunidades de trabajo y las condiciones poco favorables que ofrecen. Ya sabemos que la evolución cultural siempre es más lenta que la tecnológica, por eso nos cuesta avanzar, pero siempre hay esperanza y el cambio no se puede detener.
Es aquí donde una vez más buscamos el alivio en las tecnologías digitales que influyen en la economía. Es común ver que en países en desarrollo como el nuestro, la poca participación laboral que tienen las personas en situación de discapacidad, desemboque en bajos ingresos, bajo nivel educativo, mayor desigualdad por género, y ahora con la pandemia, no es difícil imaginarse que esas condiciones, simplemente van a ser más graves. Por eso, las apps de economía colaborativa aparecen como una opción viable en el camino a la igualdad, su flexibilidad y la autonomía que proporcionan permiten generar ingresos sin tener que lidiar con prejuicios y condiciones demandantes que pueden existir en las empresas.
Alguien con discapacidad puede, por ejemplo, emprender desde casa creando algún producto que luego puede distribuir por las apps de domicilios. Si la persona tiene una discapacidad auditiva, podría dedicarse a ser domiciliario, Rappi, por ejemplo, tiene un modelo de integración que suma ya más de 8.500 personas no oyentes. Alquilar una habitación usando apps como Airbnb también es una opción ahora que se empieza a flexibilizar el tema del turismo y los viajes. Algunos tipos de discapacidad pueden limitar el tiempo que una persona puede trabajar, bueno, la flexibilidad de las apps permite que la gente calcule el número de horas que puede dedicar a cualquier actividad, en una empresa tradicional son mínimo ocho horas. En ninguno de estos casos hay discriminación, porque eso lo hacen las personas, no la tecnología, con ella se abren las puertas y somos nosotros mismos, que sin importar las condiciones, encontramos la manera de salir adelante.
El espectro de la discapacidad es amplio, por eso las apps no pueden ser una solución absoluta al problema de la inclusión, pero definitivamente ayudan ofreciendo una alternativa real y relativamente fácil de acceder en comparación a los esquemas tradicionales. Debemos seguir apoyando este tipo de modelos incluyentes, pues trazan un camino sin obstáculos a la participación y la liberación del potencial de las personas con discapacidad, ofreciéndoles la oportunidad de brillar.

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